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Dejad que los niños jueguen

 

 

UN PASO EN FALSO

 

A nadie se le oculta que el fútbol da mucho que hablar, pero también

da que pensar. El sociólogo Eric Dunning señala tres poderosas razones que

hacen de este deporte el mayor espectáculo de masas de nuestro tiempo: es

una generosa fábrica de emociones, se ha convertido en uno de los principales

medios de identificación colectiva, y, por si fuera poco, el fútbol pasa por

ser una de las claves que da sentido a la vida de muchas personas. Realmente

cabe preguntarse: ¿hay quién dé más por menos?.

Lo que pasa es que a la gente se le desata la lengua de la emoción, de

manera que en los campos de fútbol suele haber más verbo que seso –por

ejemplo, a falta de mejores argumentos, enseguida se echa mano de los atributos

masculinos– … Los hay también que se lo toman a chirigota, y luego

están los que viven el fútbol como un thriller, a modo de ajuste de cuentas con

su propia vida.

Aquí se advierte del disparate que es convertir un deporte tan atractivo

en una mala experiencia para muchos niños: se preparan desde bien

pequeños, seducidos por este juego, pero, antes de llegar a la adolescencia,

salen de estampida. En lugar de contagiarles el entusiasmo por el fútbol, la

impaciencia o el delirio de los adultos, obsesionados con la superproducción

de estrellas en serie, desgasta su afición. El sueño de muchos pequeños puede

tornar pesadilla cuando se juega con ellos, en lugar de dejarles jugar:

• Haciendo un equipo titular, y condenando al banquillo a todos los

demás.

• Atosigándoles con instrucciones que no entienden.

• Exigiéndoles rendimientos para los que no están preparados, al punto

de que el miedo al fracaso les quita las ganas de jugar.

Tan improcedente es el comportamiento de quienes les apartan a las

primeras de cambio, como la actitud de aquellos que, de buenas a primeras,

les suben a una nube, y luego los niños ya no pisan tierra, de manera que,

ante la primera dificultad, corren el riesgo de darse un batacazo, del que no

levantarán cabeza fácilmente. Si bien se mira, es la misma obsesión por el rendimiento

inmediato del fútbol profesional que ahora invade las edades más

tempranas, y estropea la afición, vaciando este deporte de su contenido más

lúdico.

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